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Página:El diario de Satanás.djvu/42

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Que respira. Que mueve las pestañas. Que come.

Y que es una bella mocita de diez y ocho años, vestida con una bata blanca que deja desnudo su cuellecito.

Todo Me parecía cómico. Deslizaba bravamente frases necias en la negra barba de Magnus y al mismo tiempo pensaba en otra cosa. Observaba la blanca nuca y..., créeme, terrestre amigo: no es que sea un seductor ni un jovenzuelo fácil de inflamarse, como los diablos» que tú prefieres; pero todavía estoy lejos de ser un viejo; soy así, así», tengo una posición independiente en el mundo y ¡no te va esta combinación?: Satanás y María, María ¡y Satanás!

Como prueba de la seriedad de mis intenciones, diré que andaba pensando en nuestra descendencia y en un nombre para nuestro primogénito, en vez de abandonarme a la vulgar frivolidad. Yo no soy un insensato, ni mucho menos.

En poco tiempo Toppy ha paseado aquí y allá su nuez de Adán, y acabó por informarse, con voz ronca: —¿Ha pintado alguien su retrato, señorita?

—María no se deja retratar por los pintores—respondió ásperamente Magnus.

Y Yo hubiera querido reír de la estupidez de Toppy, y ya me disponía a abrir mi boca, dotada de espléndidos dientes americanos, cuando la mirada pura de María penetró en mis ojos, y se lo llevó todo