pero una breve experiencia os persuadirá de lo que es necesario para la felicidad de los hombres...
También yo los amo, míster Wunderhood; en realidad, no muy apasionadamente, y...
Con las muecas de ritual se alejó, arrastrando la sotana y distribuyendo bendiciones. Le vi todavía, desde mi ventana, firme ante la escalinata, esperando el coche, que se retrasaba. Ligeramente vuelto decía algo a uno de los abates, respetuosamente inclinado; su cara ya no se parecía a la de una vieja mona; era más bien el rostro pelado, fatigado, de un león que tiene hambre. ¡Aquel hombre de talento no tenía necesidad de disfrazarse!
Detrás de él había un lacayo todo vestido de negro, parecido a un joven baronet inglés; cada vez que la mirada de Su Eminencia topaba con su cara o su persona él alzaba ligeramente su metálica chistera negra.
Una vez que Su Eminencia partió, fuí circundado por la multitud de amigos míos que hice poblaran las habitaciones posteriores de mi palacio para evitar la soledad y el aburrimiento.
Toppy estaba orgulloso y era feliz: había ingerido tantas bendiciones que hasta parecía más gordo. Pintores, decoradores, restauradores—¡y qué más?— se mostraron halagados con la visita del cardenal, y con sentimiento hablaban de la extraordinaria expresión de su rostro, de la majestuosidad de sus maneras: O, é un gran signore! (1). El mismo Papa...
(1) En italiano en el texto ruso.—N. del T