Sandoval leyó:
«Pichona: Tu carta ha llegado tarde; he presentado ya mi dictamen y ha sido aprobado. Sin embargo, como si hubiese adivinado tu pensamiento, he resuelto el asunto según el deseo de tus protegidos.
Me iré al teatro y te esperaré à la salida.
-¡Qué bueno es el hombre: exclamó Tadeo enternecido.
-¿Y bien? dijo Sandoval, ¡no veo nada malo, todo lo contrario!
—Sí, contestó Makaraig con su sonrisa amarga; ¡resuelto favorablemente! ¡Acabo de verme con el P. Irene!
-¿Y qué dice el P. Irene? preguntó Pecson.
Lo mismo que don Custodio, ¡y el pillo todavía se atrevió á felicitarme! La comisión que ha hecho suyo el dictamen del ponente, aprueba el pensamiento y felicita á los estudiantes por su patriotismo y deseo de aprender...
-¿Entonces?
-Sólo que, considerando nuestras ocupaciones, y å fin, dice, de que no se malogre la idea entiende que debe encargarse de la dirección y ejecución del pensamiento una de las corporaciones religiosas, en el caso de que los dominicos no quieran incorporar la academia á la Universidad.
Exclamaciones de desengaño saludaron estas palabras: Isagani se levantó, pero no dijo nada.
-Y para que se vea que continuamos en la dirección de la academia, continuó Makaraig, se nos comete la cobranza de las contribuciones y cuotas con la obligación de entregarlas después al tesorero que designará la corporación encargada, el cual tesorero nos librará recibos...