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Página:El filibusterismo - Tomo II (1911).pdf/57

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usted no ha abierto los libros que le he enviado; usted no se interesa por su país...

El joven quiso protestar.

-¡Es inútil! continuó Simoun secamente. Dentro de una hora la revolución va à estallar á una señal mía, y mañana no habrá estudios, no habrá Universidad, no habrá más que combates y matanzas. Yo lo tengo todo dispuesto y mi éxito está asegurado. Cuando nosotros triunfemos, todos aquellos que pudiendo servirnos no lo han hecho, serán tratados como enemigos. ¡Basilio, vengo á proponerle su muerte ó su porvenir!

-¡Mi muerte ó mi porvenir! repitió como si no comprendiese nada.

-Con el gobierno ó con nosotros, repuso Simoun; con sus opresores ó con su país. ¡Decídase usted que el tiempo urge! ¡ Vengo à salvarle en vista de los recuerdos que nos ligan!

-¡Con los opresores ó con mi país! repetía en voz baja.

El joven estaba atontado; miraba al joyero con ojos donde se pintaba el terror, sintió que sus extremidades se enfriaban y mil confusas ideas cruzaban por su mente; veía las calles ensangrentadas, oía el tiroteo, se encontraba entre muertos y heridos y ¡singular fuerza de la afición! se veía á sí mismo con su blusa de operador cortando piernas y extrayendo balas.

-Tengo en mis manos la voluntad del gobierno, continuó Simoun; he empeñado y gastado sus pocas fuerzas y recursos en tontas expediciones, deslumbrándole con las ganancias que podía sisar; sus cabezas están ahora en el teatro tranquilas y distraídas pensando en una noche de placeres, pero ninguna volverá á reposar sobre la almohada... Tengo regimientos y hombres á mi disposición, á unos les he hecho creer que la revolución la ordena el general, á otros que la hacen los frailes; á algunos les he comprado con promesas, con empleos, con dinero; muchos, muchísimos obran por venganza, porque