XII
PLÁCIDO PENITENTE
De mala gana y con los ojos casi llorosos iba Plácido Penitente por la Escolta para dirigirse á la Universidad de Santo Tomás.
Hacia una semana apenas que había llegado de su pueblo y ya había escrito dos veces á su madre reiterando sus deseos de dejar los estudios para retirarse y trabajar. Su madre le había contestado que tuviese paciencia, que cuando menos debía graduarse de bachiller en artes, pues era triste abandonar los libros después de cuatro años de gastos y sacrificios por parte de uno y otro.
¿De dónde le venía á Penitente el desamor al estudio, cuando era uno de los más aplicados en el famoso colegio que el P. Valerio dirigía en Tanawan? Penitente pasaba allí por ser uno de los mejores latinistas y sutiles argumentadores, que sabían enredar ó desenredar las cuestiones más sencillas ó abstrusas; los de su pueblo le tenían por el más listo, y su cura, influido por aquella fama, ya le daba el grado de filibustero, prueba segura de que no era tonto ni incapaz. Sus amigos no se explicaban aquellas ganas de retirarse y dejar los estudios; no tenía novias, no era jugador, apenas conocía el hankian y se aventuraba en un revesino; no creía en los consejos de los frailes, se burlaba del tandang Basio, tenía dinero de sobra, trajes elegantes, y sin embargo, iba de mala gana á clase y miraba con asco los libros.
En el Puente de España, puente que sólo de España tiene el nombre, pues hasta sus hierros vinieron