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Página:El filibusterismo - Tomo I (1911).pdf/180

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prestáronse á ejecutar las órdenes de Gaumata con tanto más gusto cuanto que me temían y porque no revelase al pueblo sus imposturas. Valiéronse para sus fines de las pasiones de un joven sacerdote de Abydos que pasaba por santo…

Silencio angustioso siguió á estas palabras. Aquella cabeza hablaba de intrigas é imposturas sacerdotales y aunque se referían á otra época y otras creencias, molestaban con todo á los frailes allí presentes, acaso porque vieran en el fondo alguna analogía con la actual situación. El P. Salví presa de temblor convulsivo, agitaba los labios y seguía con ojos desencajados la mirada de la cabeza como si le fascinase. Gotas de sudor empezaban á brotar de su descarnada frente, pero ninguno lo notaba, vivamente distraídos y emocionados como estaban.

-¿Y cómo fué la trama que contra ti urdieron los sacerdotes de tu país? preguntó Mr. Leeds.

La cabeza lanzó un gemido doloroso como salido del fondo del corazón y los espectadores vieron sus ojos, aquellos ojos de fuego, nublarse y llenarse de lágrimas. Estremeciéronse muchos y sintieron sus pelos erizarse. No, aquello no era ficción, no era charlatanería; la cabeza era una víctima y lo que contaba era su propia historia.

¡Ay! dijo agitándose con desconsuelo; yo amaba á una joven, hija de un sacerdote, pura como la luz, como el loto cuando se acaba de abrir. El joven sacerdote de Abydos la codiciaba también, y urdió un motín valiéndose de mi nombre y merced á unos papiros míos que sonsacó á mi amada. El motín estalló en el momento en que Cambyses volvía furioso de los desastres de su desgraciada campaña. Fui acusado de rebelde, preso, y habiéndome escapado, en la persecución fuí muerto en el lago Moris... Yo vi desde la eternidad triunfar á la impostura, veo al sacerdote de Abydos perseguir noche y día á la virgen refugiada en un templo de Isis en la isla de Phil... yo le ven perseguirla y acosarla hasta en los subterráneos, volverla loca de terror y de sufrimiento, como un gigantesco murciélago á una blanca paloma... ¡Ah!