Ir al contenido

Página:El filibusterismo - Tomo I (1911).pdf/54

De Wikisource, la biblioteca libre.
Esta página no ha sido corregida

V

LA NOCHEBUENA DE UN COCHERO

Basilio llegó á San Diego en el momento en que la procesión de la Nochebuena recorría las calles. Se había retrasado en su camino perdiendo muchas horas porque el cochero, que había olvidado su cédula, fué detenido por la guardia civil, sacudido con algunos culatazos y llevado después al cuartel del comandante.

Ahora la carromata se detenía otra vez para dejar pasar la procesión, y el cochero apaleado se descubría reverentemente y rezaba un padrenuestro ante la primera imagen en andas que venía y que parecía ser un gran santo. Representaba un anciano de larguísima barba, sentado al borde de una fosa, debajo de un árbol lleno de toda clase de pájaros disecados: un halán con una olla, un almirez y un 'kalikut para triturar el buyo eran sus únicos muebles, como para indicar que el viejo vivía al borde mismo del sepulcro y allí cocinaba. Aquel era Matusalem en la iconografía religiosa de Filipinas: su colega y quizás contemporáneo se flama en Europa Noël y era más risueño y más alegre.

—En tiempo de los santos, pensaba el cochero, de seguro que no había guardias civiles, porque con los culatazos no se puede vivir mucho.

Después del gran anciano, venían los tres Reyes Magos en caballitos que se encabritaban, particularmente el del rey negro Melchor, que parecía iba á atropellar á los de sus compañeros.

No, no debía haber guardias civiles, concluía el