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EL HUERTO
«En oro puro transformé mi escoria,
Amordazando al trueno escondí el rayo,
Y entre centellas de la luz de Mayo
Fundí en los cielos mi postrera gloria.»
Amordazando al trueno escondí el rayo,
Y entre centellas de la luz de Mayo
Fundí en los cielos mi postrera gloria.»
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Se fué, y el alma de la Musa, en duelo
Ante el despojo de su gran poeta,
Dando perfume de inefable anhelo
Volvióse, al sol primaveral, violeta.
Ante el despojo de su gran poeta,
Dando perfume de inefable anhelo
Volvióse, al sol primaveral, violeta.
Yerto evocaba á su Endimión dormido;
La Muerte lo besó como la luna,
Y su semblante fulguró bruñido,
Cristal sereno de gentil laguna.
La Muerte lo besó como la luna,
Y su semblante fulguró bruñido,
Cristal sereno de gentil laguna.
Duerme bajo su lira, y lo acompaña
Bajo el pétreo brillar de dos pinceles,
El noble artista que endulzó la saña
Del Zoilo eterno de envidiosas hieles[a].
Bajo el pétreo brillar de dos pinceles,
El noble artista que endulzó la saña
Del Zoilo eterno de envidiosas hieles[a].
Y tú, Shelley, con tu alma de misterio,
Desterrado de ideales paraísos,
Le vistes animar el cementerio,
Noble y vivaz bajo sus blondos rizos.
Desterrado de ideales paraísos,
Le vistes animar el cementerio,
Noble y vivaz bajo sus blondos rizos.
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