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Cabecera de El Museo Universal

NUM. 5.

Precio de la suscricion.—Madrid: por números sueltos a 2 rs.; tres meses 22 rs.; seis meses 42 rs.; un año 80 rs.

MADRID 1 DE FEBRERO DE 1868.

Provincias.—Tres meses 28 rs.; seis meses 50 rs.; un año 96 rs.— Cuba , Puerto Rico y Extranjero, un año 7 pesos.—América y Asia, 10 a 15 pesos.

AÑO XII


REVISTA DE LA SEMANA.

O

imos y leemos que apenas hay país en donde no se esperimenten hoy los terribles efectos del hambre y de la miseria, siempre dignos de llamar la atención de los gobiernos y de las autoridades, y mucho mas cuando se unen a los de una estación por estremo rigorosa, como la presente. En unos, las malas cosechas, ó la esterilidad propia del suelo, en otros la guerra, y en todos los temores de próximas luchas de pueblo á pueblo, tales son las principales causas del mal que señalamos. En Inglaterra, en Francia, en Prusia, en el vecino reino de Portugal y otras naciones de Europa ha habido y hay con frecuencia manifestaciones, en mayor o menor escala y bajo distintas formas, del profundo mal estar que aqueja á todas las clases, y particularmente á los pobres, es decir, á los que viven del trabajo del dia y no tienen medio para hacer frente á necesidades, que son de cada hora, de cada momento.

Pero no es sólo Europa la que tiene que lamentar esta situación dolorosa: piedad mezclada de horror causa leer los detalles relativos á este asunto: en un «lodia, del mes último, se dice que han muerto de hambre doscientas veinte personas en Túnez, y en el interior de la Regencia la miseria es tal, que las madres venden á sus hijos de cinco ó seis años por algunas ruines monedas, prefiriendo hacer este sacrificio inhumanamente humano (si se nos permite la frase) á verlos perecer en medio de la mas espantosa agonía. En el Riff, lo mismo que en Argelia, el hambre se ceba en multitud de victimas; y turbas de moros, espectros mas que hombres, por su desnudez y demacración, se acercan á las murallas de Melilla implorando alimento. Una correspondencia refiere que no hace muchos dias el gobernador de aquella plaza dispuso dar un abundante rancho á las infelices kabilas, determinación que produjo estraordinaria alegría entre los moros. Al efecto, se verificó la comida en las afueras de la población, y era de ver el ansia febril con que los hambrientos se lanzaban al rancho, recogiendo del suelo hasta las mas pequeñas migajas de aquel modestísimo festín que, sin embargo, debió parecer á los convidados infinitamente mas espléndido que los de Baltasar.

En los Estados-Unidos, bandas de millares de personas recorren algunas comarcas, en busca de pan y de trabajo, y como no lo encuentran, porque allí también la industria y el comercio han padecido á consecuencia de la pasada guerra entre el Norte y el Sur, y los intereses no se reponen en un dia, la necesidad los obliga á entregarse a escesos y violencias que de seguro repruebnn en el fondo de su corazón.

La estadística denuncia con elocuencia aterradora la causa principal, quizá de esta situación deplorable. Actualmente, el total de las tropas sostenidas por las potencias europeas, escluyendo los guardias nacionales y las reservas, asciende á 7.500,000 hombres. Cada soldado cuesta anualmcnte 1,000 francos. El gasto total diario es de 20.000,000 de francos, el mensual de 600.000,000 y el anual de 7,200. Si á esta cifra se añade el trabajo que producirían todos esos hombres arrancados á la agricultura, á la industria, al comercio y á las artes, calculando en dos francos el jornal, resulta que los ejércitos cuestan á Europa 12,600 millones anualmente, salvo error de suma ó pluma.

En España, donde, en medio del atraso que se advierte en ciertos ramos, no debían esperimentarse efectos tan desastrosos, ya por la fertilidad propia del terreno, que causaría la envidia de otros paises si se esplolaran convenientemente sus riquezas, ya por la natural sobriedad de sus moradores, que eu su mayor parte, se cuidan poco del dia de mañana y ven colmadas sus ambiciones en el presente con un rayo de sol y un pedazo de pan, en España, repetimos, hay provincias enteras que reclaman hoy toda la solicitud de las autoridades y de la caridad pública y privada; tenemos una satisfacción en consignar que ni aquellas ni ésta, han sido surdas á la voz de los desgraciados. Pero aun no basta lo hecho; es preciso, es urgente seguir en esta obra generosa; el invierno amenaza ser largo y cruel, y seria triste que el remedio se aplicara cuando ya no tuviera la oportunidad debida.

Limitándonos ahora á Madrid, donde mas de cerca palpamos las necesidades de que se trata, hemos oído que el gobierno ha dado órden de que se activen las obras, poco há principiadas, para la erección de la Biblioteca y Museo nacionales, en que podrán ocuparse muclios jornaleros; igualmente se nos asegura que se agita la idea de levantar, en un magnífico solar perteneciente al Estado, un Museo arqueológico, digno de la capital de la monarquía, y en el que encontrarán empleo multitud de brazos. Por otra parte, se habla, y celebraríamos ver confirmada la noticia, de construir por el ayuntamiento de Madrid tres ó cuatro grandes mercados, mencionándose entre otros puntos la plaza de la Cebada, la de los Mostenses y la de Bilbao. La población agradecería en el alma que se llevase, asimismo á cabo, ya por dicha corporación, ya por la iniciativa de los particulares, el establecimiento de lavaderos públicos, que tanta falta hacen y que tantos males evitarían á las infelices que se dedican al lavado, espuestas en todas las estaciones á la intemperie, y, finalmente, el de restaurants económicos donde, como en otras naciones, las clases pobres pudieran hallar por precios á su alcance, alimentos sanos y reparadores. Tales son algunas de las ideas que nos ha sugerido el estado de miseria que se advierte; ninguna de ellas es nueva, y al espresarlas no tenemos otra pretensión que la de ser útiles, interpretando los deseos unánimes, asi del pobre como del que se encuentra en situación mas desahogada.

Aunque el tiempo no es muy propio que digamos para viajes, cartas de París confirman hallarse próximo el de la emperatriz Eugenia y el príncipe imperial á Roma, acompañados del cardenal Darboy, y el que verificarán Napoleón III y Guillermo I á las orillas del Rhin, para celebrar una entrevista.

La córte de Francia ha vestido de luto el dia aniversario de la ejecución de Luís XVI.

Despachos telegráficos repetidos anuncian que el movimiento borbónico continúa en Napóles, que Francisco II ha nombrado ya gobernadores para las provincias de su antiguo reino, que Ratazzi tiene con Víctor Manuel diarias y largas conferencias, y que los trabajos de fortificación de Roma avanzan rápidamen-