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FLORES

Hay hombres que han creído que la tierra era su patria; mas, sin hablar de las cosas del alma ¿por qué pierde la tierra su sol de primavera? ¿por qué el cielo y la vida tienen nubes? ¿por qué se marchitan las flores en un momento, siendo imagen de los breves dias del hombre?

Ese sueño tan triste para las almas, habría sido muy bello para los flores. Brillante fuera su destino, cuando ahora es tan humilde, pues Dios no las siembra sobre la tierra sino para adornar la corona del año. ¿Pueden quejarse las flores, de la obra divina? ¿quién no admira sus colores? ¿qué niña no quisiera su fragancia?

Ellas suspiran por la luz, como las almas; y á la manera de la virtud, lo dan todo por amor.

El año no tiene estación mas generosa que la primavera: en su encantado canastillo hay llores para e abalsamar los prados, las aguas, los cementerios y las aldeas. Salid en esos dias al campo á respirar el fresco ambiente: si vais á pasear por las faldas de la montaña, encontrareis al pastorcillo que coge las primeras violetas para la corona de su amada; si os detenéis en los huertos de la aldea, veréis caer los claveles y las rosas mas encendidas; si pasáis á los prados de la ribera, acompañareis á las niñas que hacen sus ramilletes cantando; para la fiesta del domingo, os dirán ellas; pero no todas esas llores adornarán el altar de la Virgen.

Después, á medida que el dia crece, el sol aumenta sus ardores. El hombre, pasa las horas del medio dia bajo el techo de sus padres; las llores, abriendo sus hojas y revelando sus misterios al mismo sol que las marchita.

Tan generosas con el sol, y negarán su fragancia á la noche; á la noche que las devuelve con sus rocíos la lozanía de la juventud. ¡Vedlo! ya se pone el astro ardiente, ya sin oír las quejas de la noclie se cierran casi todas las flores; se cierran en virtud de una ley misteriosa, llena de amor, como todas las que emanan de lo alto.

EL DESTINO DEL POETA.

¡Salud al hijo de las musas! ¿Sabéis el destino que en la tierra deben llenar los que tienen el poder del canto?... Escuchad á los que aman su gloria, la gloria inmortal del poeta. Si el cielo dio al poeta un alma mas armoniosa, infundiéndole la bella inspiración, ¿piensa con lo divino enaltecer lo terreno, aqiMllo que ha de perecer sin glorias ni recuerdos? ¡Oh poeta! olvida á la serpiente que se arrastra por el polvo, y mira el águila que vuela hacia el sol: ¡ el mismo es tu destino! Aspira á lo sublime, (y desde allí, ¡ feliz si tu canto valiente y simpático inflama á algún peregrino de la vida! Poderosos te saldrán al encuentro y te pedirán cantos para sus fiestas: di á esos hombres, si quieren oir el cántico severo de la verdad; díles que para aspirar á los elogios del poeta, es preciso ser digno de ellos. ¡ Hijos de las musas! sea vuestra vida una batalla heróica contra el vicio y el error que aspiran á seducir nuestro mundo; sed fieles á la bandera que Dios ha puesto en vuestra mano; que los humanos, sonsolados y fortalecidos por los cantos del poeta, lean siempre "en su divisa, los santos nombres del amor, de la gloria y de la esperanza. Antonio Vidal v Domingo.


ALBUM POETICO.

LA FUENTE DE LAGRIMAS.

De pesadumbres libre y de recelos, Antes pura y gozosa, Cabe el cristal de fuente limpia y clara Contemplaba una niña al par dos cielos: El del sereno azul y el de su cara. Al verse tan gentil, con voz gozosa l.n ruiseñor oyó que ella docia: «¡Qué hermosa soy, qué hermosa!»— Estar sola pensaba, Pero aquel ruiseñor que la escuchaba Todo me lo ha contado. Hay ruiseñores Que son—nadie lo dude—muy traidores, Y luego, ¡tan parleros! Aun mas contóme el narrador alado: Dijome que sus ojos hechiceros De aquel cristal brillante No apartaba la niña un solo instante, Y con gesto animado Mirando y remirando su hermosura, En la fuente sencilla La sonrisa ensayaba y la mirada Que la agraciase mas. ¡Vanidosilla! Pasaron tiempos y á la misma fuente Una tarde de mayo, A ules que el sol de su encendida frente Lanzara el postrer rayo, Volvió la niña aquella A saber otra vez que nació bolla. Mas ¡cuánto no seria Su dolor, al hallar pérdida y seca La fuente de esta historia, La fuente que aquel di.i Sus gracias reflejó y su vanagloria! Sobre la urna hueca Eu que un tiempo moró la linfa pura, Su frente doblegó con amargura, Y á su dolor soltando La contenida rienda. Habló ile esta manera, suspirando: «— Cándida fuentecilla, «De este lugar encanto y de mis ojos, «¿Por qué aquel tu cristal ¡ay! ya no brilla «En que bañaba el sol sus rayos rojos, »Y á cuya fresca orilla «Iban con amoroso afán rendido «Sus trinos á endulzar los ruiseñores »Y á dibujar sus cálices las lio es? »¿Por qué aquí te has secado? ¿A dónde has ido.Calló á este punto la quejosa niña, Y á modo de gemido (Kefiere el ruiseñor que allí escudrina) Secreta y mansamente Se deslizó la plática siguiente: «—Aquella rumorosa «Fuente en que te miraste reflejada, «Murió desconsolada «Porque ella te anunció que eras hermosa, «Porque en ella Qtgullosa «La sonrisa adiestraste, y la mirada «Que un amor conquistó para tu anhelo «Y para tu virtud un triste duelo... «La plañidera fuente «Al temor sucumbió de que si un dia «Aquí volvieses tú, sólo podría «Reflejar tu belleza, «Mas no como otro tiempo tu pureza, «Aun recuerda esta umbría «El último lamento «Que tu suerte al saber le ar.ancí el vient >!... Quien asi habló se ignora, pero afirma El ruiseñor testigo Que fue el céfiro el t il, su íntimo amigo. El hecho es,—y esto si que sa confirma— Que la cuitada hermosa Rindiéndose al dolor, vino de hinojos, Y en corriente abundosa Por los caídos ojos Sus lágrimas rodar dejó y sus penas; Y el pecho lacerado Lejanas horas recordó serenas Y un pasado feliz y afortunado, Más que por ser feliz, por ser pasado. ¡Jamas tan buenas vió sus horas buenas! Sobre la ya vacia Cuín de aquella fuente Que más que ella vivir supo inocente, Y que murió á la par que su alegría, Caudal tan generoso De lágrimas vertió en el desvarío Que al recuerdo nació de un estravio; Tanto su triste pecho Lloró sobre el enjuto árido lecho De la perdida fuente, Que en su fondo las lágrimas juntando Fuéronse mansamente Hasta que, semejando Obra de magia ó raro maleficio, Un diminuto espejo allí formóse Que con dulce artificio Fue creciendo y creciendo... y ¡oh alegría! Ya en él la triste niña se veía! por rada .10 metro:) di profundidad. A 3 kilómetros de profundidad, s:encontraría un calor capaz de fundir el plomo y el estaño. La temperatura del aire disminuye un grado por cada 180 metros de altura. M as no como se quiera, Sino mas bella aun de lo que era, Pura, Cándida, en fin, como aquel dia. Miróse eiiagenada En el espejo aquel, hijo sublime De su pena pasada, Espejo allí formado. Gota á gota por su alma acongojada Para mirarse en ól purificada. Aun allí seguiría Contemplándose llena de ufati.a, A no ocurrir que. el sol, temiendo acaso Que á ella volviese vanidad impía, Apresuró su ocaso; Y la noche sintiendo igual recelo, Tendió también su pudibundo velo.

Enrique Frexas de Sabater.


A medida que se profundiza la tierra, aumenta la temperatura media de la localidad cerca de un grado por cada 30 metros de profundidad. A 3 kilómetros de profundidad, se encontraría un calor capaz de fundir el plomo y el estaño.

La temperatura del aire disminuye un grado por cada 180 metros de altura.

Han empezado la construcción de los ferro-carriles en China. La primera linea que se hará es la de Shanghai á Soutclieou, atravesando la rica provincia de Kiang-son para llegar á los distritos productores de la soda y del tlié. Los gastos de construcción de esta línea, comprendiendo el material fijo y móvil, ascienden á 2.140,200 taels, y se cree que los productos, deducidos los gastos de entretenimiento y esplotacion, darán un interés de 6 /, por 100.

Según el señor Dheu, sabio bibliotecario de la real biblioteca musical de llcrlin, I primera pieza que se escribió para cuarteto de cuerda en el siglo XVI, es debida al célebre organista español y clavicordista de Felipe II, don Félix Antonio Cabezón, cuyo hecho se había atribuido á autores estranjeros mucho mas modernos. Dicha pieza se halla en una obra escrita por el gran organista, obra que se tiene en mucha estima en esta célebre biblioteca, y de la que desgraciadamente no se encuentra en España ejemplar alguno.


TIPOS SOCIALES.


LA CONCIENCIA DEL SEXO.

(Conclusión.)

La opción no seria en manera alguna dudosa para la generalidad de los hombres, si en lugar del caso que hemos supuesto de dos mujeres hermosas absolutamente iguales por sus cualidades físicas, de las cuales la una fuese, literata y la otra careciese de este requisito, se les diese á escoger entre una literata que fuese fea y una literata que fuese algo menos fea, o entre una literata regularmente parecida y una no literata algo mejor parecida, ó entre una literata bastante bella y una no literata que fuese aun mas bella.

En todos estos casos la lucha seria imposible; la literata quedaría generalmente postergada.

Hablamos de elecciones libres, de elecciones en que no obro mas que la simpatía que atrae unos á otros á los individuos de sexos diferentes. Claro está que si la literata puesta en candidatura tuviese la talla intelectual de Jorge Sand, cuya fecundidad literaria parece inagotable y cuyas obras maestras son vivamente solicitadas de los editores y del público, tendría en su cabeza una hacienda, y no por otra razón la preferirían los que se casan para hacer un buen negocio.

Pero eso no seria elegir entre dos mujeres, sino entre una mujer y una finca.

Debemos también atenernos á la regla, prescindiendo de las escepriones. De gustos no hay nada escrito, y algunos hombres lo tienen tan estragado, que. se enamoran perdidamente de una mujer, en la cual la generalidad no encuentra el menor atractivo.

Si entre dos mujeres avaramente dotadas por la naturaleza de alicientes físicos, alguno escogiese á la peor dotada de las dos y esta fuese literata, la escogería no por ser literata, sino por ser la peor dotada de las dos, es decir, la mas fea, porque el corazón de. algunos hombres, como id paladar y el estómago de algunos enfermos, puede también padecer su malaria, que es como llaman los patólogos al deseo imperioso de comer substancias irregulares. Asi es como sin necesidad de buscar el móvil en una razón de estado, ó en un cálculo mercantil, ó en un motivo de gratitud, ó en un compromiso ineludible, se esplican ciertos amores que llegan á ser hasta impetuosos y ciertos matrimonios bien avenidos, que de otra suerte no tendrían esplicacion posible. Comparamos al que se casa por amor con una fea, con las embarazadas y j opiladas que comen ávidamente tierra ó yeso.

Pero aunque el cultivo de las letras no preste á las mujeres ningún encanto, tampoco les priva de nin, guno de los que naturalmente poseen. Mas perniciosa influencia ejerce sobre su moral que sobre su físico. 1 Sirve para entontecerlas, para volverlas redichas y petulantes, pero no es un gran mal que una mujer sea un poco tonta ó, lo que es lo mismo, un poco vana.

La vanidad, ya que no sea instintiva en el bello sexo como el deseo de agradar, es por lo menos una consecuencia lógica de este deseo satisfecho.

Sin embargo, una mujer, que á la vanidad característica de las mujeres reúna la que es característica de los literatos, debe ser una mujer insoportable. ¿Cuál no será su susceptibilidad? ¿Cuál no será su amor propio? ¡Cuán exorbitante, cuán monstruoso