hombre. Y en la actualidad, aún tiene este carácter.
En cuanto á los griegos de una época más reciente, debemos distinguir entre los dorios y los jonios. Los primeros, de los cuales Esparta es el ejemplo clásico, se encuentran desde muchos puntos de vista en condiciones conyugales mucho más primitivas que las pintadas por Homero. En Esparta existe un matrimonio sindiásmico modificado conforme á la idea local del Estado y que presenta muchas reminiscencias del matrimonio por grupos. Las uniones estériles se rompen; el rey Anaxándridas (hacia el año 650 antes de nuestra era) tomó una segunda mujer, sin dejar á la primera que fué estéril, y sostenía dos domicilios conyugales; hacia la misma época, teniendo el rey Ariston dos mujeres sin hijos, tomó otra tercera, pero en cambio repudió á una de las dos primeras. Además, varios hermanos podían tener una mujer común; el hombre á quien convenía más la mujer de su amigo podía participar de ella con éste; y se encontraba muy decente poner su mujer á disposición de «un buen semental» (como diría Bismarck), aun cuando no fuese un ciudadano libre. De un pasaje de Plutarco en á que una espartana envía su marido un amante que la persigue con sus proposiciones, hasta parece deducirse, según Schaemann, una libertad de costumbres aún más grande. Pero, también por esta razón, era