para la manera católica; la novela alemana, para la protestante. En los dos casos, el hombre «la logra»: en la novela alemana, el mozo logra á la joven á quien ama; en la novela francesa, el marido logra una cornamenta. ¿Cuál de los dos sale peor librado? No siempre es posible decirlo. Por eso también, el aburrimiento de la novela alemana inspira á los lectores franceses de la clase media el mismo horror que la «inmoralidad» de la novela francesa inspira al mogigato alemán. Sin embargo, en estos últimos tiempos, desde que «Berlín se está haciendo una gran capital», la novela alemana comienza á tantear excursiones algo menos tímidas al hetairismo y al adulterio, bien conocidos allá lejos hace largo tiempo.
Pero en ambos casos, el matrimonio se funda en la posición social de los contrayentes; y, por tanto, siempre es un matrimonio de conveniencia. También en los dos casos, este matrimonio de conveniencia se convierte en la más vil de las prostituciones, á veces por ambas partes, pero mucho más habitualmente en la mujer; ésta solo se diferencia de la cortesana ordinaria en que no alquila su cuerpo á ratos como una asalariada, sino que lo vende de una vez para siempre como una esclava. Y á todos los matrimonios de conveniencia les viene de molde la frase de Fourier: «Así como en gramática dos negaciones equivalen á una afirmación, de igual