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Página:El origen de la familia, de la propiedad privada y del estado - IA BRes041442.pdf/125

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POR FEDERICO ENGELS

manera en la moral conyugal dos prostituciones equivalen á una virtud.» En las relaciones con la mujer, el amor sexual no es, ni puede ser, una regla efectiva más que en las clases oprimidas, es decir, en nuestros días en el proletariado, estén ó no estén autorizadas oficialmente esas relaciones. Pero también desaparecen en estos casos todos los fundamentos de la monogamia clásica. Faltan allí por completo los bienes de fortuna, para la conservación y transmisión, de la cual se han instituido precisamente la monogamia y el dominio del hombre, y, por consiguiente, también falta allí todo motivo para hacer valer la supremacía masculina. Y aún más: faltan hasta los medios de conseguirlo. El derecho burgués, que protege á esta supremacía, sólo existe para los que poseen y para regular sus relaciones con los proletarios; cuesta dinero, y, por consiguiente, á causa de la pobreza del trabajador, no regula la situación de éste para con su mujer. En este caso, otras relaciones personales y sociales son quienes deciden. Sobre todo, desde que la gran industria ha arrancado del hogar á la mujer para arrojarla al mercado del trabajo y de la fábrica, y la convierte harto á menudo en el sostén de la casa, se han destruido las bases de los últimos restos de la supremacía del hombre en el domicilio del proletario; á no ser que se reconozcan aún vestigios de ella en la brutalidad para con las mu-