Ir al contenido

Página:El origen de la familia, de la propiedad privada y del estado - IA BRes041442.pdf/135

De Wikisource, la biblioteca libre.
Esta página ha sido corregida
137
POR FEDERICO ENGELS

tratábase del adulterio en todas ellas. Y el amor sexual, en el sentido que nosotros le damos, era una cosa tan indiferente para el viejo Anacreonte, el poeta clásico del amor en la antigüedad, que le importaba poco hasta el sexo mismo del ser amado.

Nuestro amor sexual difiere esencialmente del simple deseo sexual, del Eros de los antiguos. En primer término, supone la reciprocidad del amor en el ser amado; desde este punto de vista, la mujer es en él igual que el hombre, al paso que en el Eros antiguo se está lejos de consultarla siempre. En segundo lugar, el amor sexual tiene cierto grado de duración y de intensidad que hace considerar á las dos partes la falta de posesión y la separación como una gran desventura, si no la mayor de todas; para poder ser el uno del otro, no se retrocede ante nada y se llega hasta jugarse la vida, lo cual no sucedía en la antigüedad sino en caso de adulterio. Y, por último, se crea una nueva regla moral para juzgar el comercio sexual. Ya no se pregunta solamente: «¿Es legítimo ó ilegítimo?», sino también: «¿Es hijo del amor y de un afecto reciproco?» Claro es que en la práctica feudal ó burguesa, esta regla no se respeta más que cualquiera otra regla moral, sino que se quebranta, pero se respeta tanto. Se halla tan reconocida como las demás, en teoría, en el papel. Y eso es todo lo que, hasta nueva orden, puede pedir.