moda, gracias á la caballería, el amor sexual? En contra del amor adúltero de la caballería, ¿no era el amor conyugal su verdadera forma plebeya? Pero si el deber de los esposos era amarse recíprocamente, ¿no era tan deber de los amantes no casarse sino entre sí y con ninguna otra persona? Este derecho de los amantes, ¿no era superior al derecho del padre y de la madre, de los parientes y de los demás alcahuetes y terceros tradicionales de bodas? Desde el momento en que el derecho al libre examen personal penetraba en la Iglesia y en la religión, ¿podía no afirmarse, ante la intolerable pretensión de la generación vieja, de disponer del cuerpo, del alma, de los bienes de fortuna, de la ventura y de la desventura de una generación más joven?
Por fuerza debían de suscitarse estas cuestiones en un tiempo que relajaba todos los antiguos vínculos sociales y removía todas las ideas corrientes. De pronto habíase hecho la tierra diez veces más grande; en lugar de la cuarta parte de un hemisferio, el globo terrestre entero se extendía ante los ojos de los europeos occidentales, quienes apresurábanse á tomar posesión de las otras tres cuartas partes. Y, al mismo tiempo que las antiguas barreras del país natal, caían las milenarias trabas puestas al pensamiento en la Edad Media. Un horizonte infinitamente más extenso se abría ante los ojos y el espíritu del hombre. ¿Qué importaba la idea de