Pero la duración del acceso del amor sexual es muy variable según los individuos, particularmente entre los hombres; y la desaparición del afecto ante un amor apasionado nuevo hace de la desaparición un beneficio, lo mismo para ambas partes que para la sociedad. Sólo que debe ahorrarse á las gentes patalear en el inútil fango de un pleito de divorcio.
Así, pues, lo que podemos augurar acerca de la organización de las relaciones sexuales, después de la inminente barrida de la producción capitalista, es más que nada de un orden negativo, y se limita principalmente á decir lo que desaparecerá. Pero ¿qué vendrá después? Eso se decidirá cuando haya crecido una nueva generación; una generación de hombres que en su vida se hayan encontrado en el caso de comprar á costa de dinero, ni con ayuda de ninguna otra fuerza social, el abandono de una mujer; y una generación de mujeres que nunca se hayan visto en el caso de entregarse á un hombre en virtud de otras consideraciones que las del amor real, ni de rehusar entregarse á su amante por miedo á las consecuencias económicas de este abandono. Y cuando hayan venido esas gentes, se burlarán de cuanto se hubiese pensado acerca de lo que habrían de hacer; se dictarán á sí mismas su propia conducta, y crearán una opinión pública basada en ella para juzgar la conducta de cada uno.—¡Y todo quedará dicho!