mayor parte de los casos, si no en todos, del jefe militar supremo.
La gran mayoría de los indios americanos no fué mucho más lejos de la reunión en tribu. Las tribus poco numerosas, separadas unas de otras por vastas zonas fronterizas y debilitadas por continuas guerras, con pocos habitantes ocupaban un inmenso territorio. Acá y acullá formábanse alianzas entre tribus consanguíneas, por efecto de momentáneas necesidades, con las cuales tenían término. Pero en ciertas otras comarcas, tribus parientes en su origen y separadas después se habían reunido de nuevo en federaciones permanentes, dando así el primer paso hacia la formación de nacionalidades. En los Estados Unidos encontramos la forma más desarrollada de una federación de esa especie entre los iroqueses. Abandonando sus residencias del Oeste del Mississipí, donde probablemente habían formado una rama de la gran familia de los dacotas, después de largas peregrinaciones se fijaron en el actual Estado de New York, divididos en cinco tribus: los senekas, los cayugas, los onondagas, los oneidas y los mohawks. Vivían de la pesca, de la caza, de hortalizas groseras, y habitaban en aldeas, fortificadas casi todas con recintos de estacas. No excediendo nunca del número de 20.000, había muchas gentes comunes en las cinco tribus, hablaban dialectos parecidísimos de la misma lengua y ocu-