gurada, ó, por lo menos, reconocida; y, por último, que esa situación primitiva de las madres, como únicos padres ciertos de sus hijos, aseguró á aquéllas (y, por consiguiente, á las mujeres en general) una condición social más elevada de la que desde entonces acá han tenido nunca. Bachofen no emitió esos principios con esta claridad, por impedírselo el misticismo de sus conceptos; pero los ha demostrado, y eso equivalía, en 1861, á una revolución completa.
El grueso tomo en 4.º de Bachofen estaba escrito en alemán, es decir, en la lengua de la nación que menos se había interesado hasta entonces por la historia primitiva de la familia contemporánea. Por eso permaneció desconocido: su más inmediato sucesor en este terreno entró en escena en 1865, sin haber oído hablar nunca de Bachofen.
Este sucesor fué J. F. Mac-Lennan, diametralmente opuesto á su predecesor. En lugar del místico genial, tenemos aquí al árido jurisconsulto; en vez de una exuberante y poética fantasía, las plausibles combinaciones de un alegato de abogado. Mac-Lennan encuentra en muchos pueblos salvajes, bárbaros y hasta civilizados de los tiempos antiguos y modernos, una forma de matrimonio en que el novio, solo ó con sus amigos, está obligado á arrebatar su futura esposa