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Página:El origen de la familia, de la propiedad privada y del estado - IA BRes041442.pdf/181

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POR FEDERICO ENGELS

sanguinidad que corresponde á la gens en su forma primitiva (y los griegos lo han tenido como los demás mortales) conservaba el conocimiento de los grados de parentesco de todos los miembros de la gens entre sí. (Aprendieron este hecho, de suma importancia para ellos, por la práctica, desde la cuna.) Con la familia monogámica, esto cayó en olvido. El nombre de la gens creó un árbol genealógico junto al cual parecía insignificante el de la familia individual. En lo sucesivo, ese era el nombre que debía conservar el hecho de la descendencia común de quienes lo llevaban; pero subió tan alto el árbol genealógico de la gens, que sus miembros ya no pudieron demostrar su parentesco recíproco real, excepto en un pequeño número de casos, en los ascendientes comunes más próximos. El nombre mismo era una prueba de comunidad de origen, y una prueba irrecusable, salvo en los casos de adopción. Por consiguiente, negar el hecho de toda clase de consanguinidad entre los gentiles, como lo hacen Grocio y Niebuhr (que han transformado la gens en una creación puramente imaginaria y poética), es digno de escribas «idealistas», es decir, de escritores para su casa. Porque el encadenamiento de las generaciones, sobre todo desde la aparición de la monogamia, se pierde en la lejanía de los tiempos y porque la realidad pasada aparece como un reflejo nada más en las fantasías mitológicas, ¡los pazguatos