del trabajo, primero entre la ciudad y el campo, después entre las diferentes ramas de la industria en las ciudades, habían creado nuevos órganos para la defensa de sus intereses, instituyéndose oficios públicos de todas clases. Luego, el joven Estado tuvo, ante todo, necesidad de una fuerza propia, que, entre los atenienses navegantes, no pudo ser al principio sino una fuerza naval, con la mira de pequeñas guerras particulares y para proteger á sus barcos de comercio. En una época indeterminada anterior á Solón se establecieron las Naucrarias, pequeñas circunscripciones territoriales á razón de doce por tribu; cada naucraria debía suministrar, armar y tripular un barco de guerra, y proporcionar además dos jinetes. Esta institución perjudicaba por dos conceptos á la gens: en primer término, porque creaba una fuerza pública que ya no se confundía con el conjunto del pueblo armado; y en segundo lugar, porque por vez primera dividía al pueblo, en los negocios públicos, no con arreglo á los grupos consanguíneos, sino con arreglo á la residencia local. No tardaremos en ver qué significaba esto.
No pudiendo la constitución gentil acudir en auxilio del pueblo explotado, no le quedaba sino el del Estado naciente. Y éste acudió á socorrerle por medio de la constitución de Solón, mientras se fortalecía de nuevo al amparo de la constitución antigua. No nos incumbe tratar