la última base de los restos de la constitución gentil. Las gentes, las fratrias y las tribus, cuyos miembros andaban ya á la sazón dispersos por toda el Atica y vivían completamente entremezclados, por eso mismo habíanse hecho impropias del todo para formar cuerpos políticos; una multitud de ciudadanos atenienses no pertenecían ya á ninguna gens; eran inmigrantes que habían sido admitidos á participar de los derechos de ciudadanos, pero no en ninguno de los antiguos grupos consanguíneos; junto con ellos estaba también el número cada vez mayor de inmigrantes extranjeros (metecos).
Durante ese tiempo, seguían su curso las luchas de los partidos; la nobleza trataba de reconquistar sus privilegios y volvió á tener otra vez por el pronto vara alta; hasta que la revolución de Cleistenes (año 509 antes de nuestra era) la derribó definitivamente, pero también con ella el último vestigio de la gens.
En su nueva constitución, Cleistenes no se ocupó de las cuatro tribus antiguas basadas en las gentes y en las fratrias. En su lugar, vino una organización nueva cuya base, ensayada ya en las naucrarias, era la distribución de los ciudadanos con arreglo á su residencia local. Ya no decidió para nada el hecho de pertenecer á los grupos consanguíneos, sino tan sólo el domicilio. No fué el pueblo, sino el suelo, lo que se subdividió; los habitantes hiciéronse política-