mente un simple accesorio del territorio nacional.
Toda el Atica quedó dividida en cien circunscripciones de comunidades municipales (demos), cada una de ellas administrada por sí misma. Los ciudadanos (demotas) habitantes en cada demos elegian su jefe (demarca) y su tesorero, así como también treinta jueces con jurisdicción respecto á los asuntos de poca importancia. Tenían igualmente un templo propio y un dios protector ó héroe, eligiendo á los sacerdotes de éste. El poder supremo en el demos pertenecía á la asamblea de los demotas. Según advierte Morgan con mucho acierto, este es el tipo de las comunidades urbanas de América, que se gobiernan por sí mismas. El Estado naciente tuvo por punto de partida en Atenas la misma unidad que distingue al Estado moderno en su más alto grado de perfeccionamiento.
Diez de estas unidades ó demos formaban una tribu; pero ésta, al contrario de la antigua tribu de raza, llamóse ahora tribu local. La tribu local, no sólo era un cuerpo político que se administraba á sí propio, sino también un cuerpo militar, elegía su filarca ó jefe de tribu, que mandaba la caballería, el taxiarca para la infanteria, y el estratega que tenia á sus órdenes el conjunto de las tropas reclutadas en el territorio de la tribu. Suministraba además cinco naves de guerra con sus tripulaciones y comandan-