en un derecho positivo, los explica á su modo la leyenda, diciendo que Rómulo había concedido desde el principio á los senadores y á sus descendientes el patriciado con sus privilegios. El Senado, como la boule ateniense, decidía en muchos asuntos, y se le consultaba en los más importantes, sobre todo para las leyes nuevas. Estas eran votadas por la asamblea del pueblo, llamada comitia curiata (comicios de las curias). El pueblo se congregaba agrupado por curias, y verosimilmente, en cada curia por gentes, y cada una de las treinta curias tenía un voto para la decisión. Los comicios de las curias aprobaban ó rechazaban todas las leyes, elegía todos los altos funcionarios, incluso el rex (el pretenso rey), declaraba la guerra (pero el Senado hacía los tratados de paz), y en calidad de tribunal supremo decidía que se llamase á los interesados, en todos los casos en que se trataba de pronunciar sentencia de muerte contra un ciudadano romano. Por último, á la vez que el Senado y la Asamblea del pueblo, había el rex, que era exactamente lo mismo que el basileus griego, y de ninguna manera un monarca casi
absoluto, tal como nos lo presenta Mommsen[1].
- ↑ El latin rex es el celto-irlandés righ (jefe de tribu) y el gótico reiks. Esta palabra significaba, lo mismo que antiguamente nuestro fürst (es decir, lo mismo que en inglés first, y en danés fæerste, el primero), jefe de gens ó de tribu; así resulta del hecho de que los godos tenían desde el siglo IV