bros de una gens de esta especie daban su propio hijo en prenda de una promesa solemne, y cuando este hijo era víctima de la violación del tratado por su padre, éste no tenía que dar cuenta á nadie sino á sí mismo. Pero si el sacrificado era el hijo de una hermana, esto constituía una violación del más sagrado derecho de la gens; el pariente gentil más próximo, á quien incumbía antes que á todos los demás la protección del niño ó del joven, había causado su muerte; ó no debía entregarlo en rehenes, ó debía observar lo tratado. Si, fuera de este ejemplo, no encontrásemos ni una sola huella de la gens entre los germanos, este único pasaje nos bastaría.
Aún más decisivo por ser unos ochocientos años posterior, es un pasaje del canto escandinavo acerca del crepúsculo de los dioses y el fin
la época heroica el carácter intimo (proveniente de la era del matriarcado) del vinculo entre el tio materno y el sobrino, que se encuentra en cierto número de pueblos. Según Diodoro (IV, 34), Meleagro mata á los hijos de Testio, hermanos de su madre Altea. Esta ve en ese acto un crimen tan imperdonable, que maldice al matador (su propio hijo) y le desea la muerte. «Dícese que los dioses atendieron á sus imprecaciones y dieron fin con la vida de Meleagro. Según el mismo Diodoro (IV, 44), los argonautas tomaron tierra bajo el mando de Heracles en Tracia, y encontráronse allí con que Fineo, instigado por su nueva mujer, maltrataba odiosamente á los dos hijos habidos de su esposa repudiada, la Boreada Cleopatra. Pero entre los argonautas hay también otros Boreadas hermanos de Cleopatra y, por consiguiente, hermanos de la madre de las víctimas. Intervienen inmediatamente en favor de sus sobrinos, los libertan y matan á sus guardianes.