intervalo y sin ninguna intervención extraña, supone una imposibilidad sencillamente. No leo, pues, en Tácito sino lo que dice á secas: «Cambian (ó reparten de nuevo) cada año la tierra cultivada, y además quedan bastantes tierras comunes.» Esta es la etapa de la agricultura y de la apropiación del suelo que corresponde con exactitud á la gens contemporánea de los germanos.
Dejo sin cambiar nada el párrafo anterior, tal como se encuentra en las otras ediciones. En el intervalo, el asunto ha tomado otro sesgo. Desde que Kovalevsky ha demostrado la existencia muy difundida, dado que no sea general, de la comunidad doméstica patriarcal como estadio intermedio entre la familia comunista matriarcal y la familia individual moderna, ya no se trata, como entre Maurer y Wait, de propiedad común ó privada del suelo, sino de la forma de la propiedad colectiva. No cabe duda de que entre los suevos existía en tiempo de César, no sólo la propiedad colectiva, sino también el cultivo en común por cuenta común. Aún se discutirá por largo tiempo la cuestión de si la unidad económica era la gens, ó la comunidad doméstica, ó un grupo de parentela comunista término medio entre ambas, ó si existieron simultáneamente los tres agrupamientos, según las condiciones del suelo. Pero Kovalevsky pretende que la situación descrita por Tácito suponía, no la