tesía social, demostradas por el hecho de que al dirigir los indios la palabra hasta á un extranjero, á un blanco, le tratan de hermano ó de padre.
Esto es lo mismo que si se quisiera pretender que las palabres padre, madre, hermano y hermana son puras fórmulas de apóstrofe sin significación, porque á los sacerdotes y á las abadesas católicas se les saluda igualmente con los nombres de padre y madre, y porque frailes y monjas, lo mismo que los masones y los miembros de los sindicatos ingleses, se tratan entre sí de hermanos y hermanas en sus reuniones solemnes. En una palabra, la defensa de Mac-Lennan era flojísima hasta más no poder.
Pero quedaba un punto acerca del cual no se le había derrotado. No sólo no se había bamboleado la antítesis de las «tribus» exógamas y endógamas en la cual se funda todo su sistema, sino que hasta se reconocía universalmente como el eje donde se sustenta toda la historia de la familia.
Concedíase que el ensayo de demostración de esta antitesis hecho por Mac-Lennan era insuficiente y estaba en contradicción con los hechos por él enumerados. Pero se consideraba como un indiscutible Evangelio la hipótesis mis-