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Página:El origen de la familia, de la propiedad privada y del estado - IA BRes041442.pdf/265

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POR FEDERICO ENGELS

fuerza necesaria para formar con esos elementos reunidos naciones nuevas; en ninguna parte quedaban huellas de capacidad para desarrollarse, de energía para resistir, de fuerzas creadoras. La enorme masa humana de aquel inmenso territorio, no tenía más vínculo para mantenerla unida que el Estado romano, y éste había llegado á ser con el tiempo su enemigo y su más cruel opresor. Las provincias habían arruinado á Roma; la misma Roma habíase convertido en una ciudad de provincia como las demás, privilegiada pero ya no soberana, ni punto céntrico del imperio universal, ni sede siquiera de los emperadores y subemperadores, quienes residían en Constantinopla, en Tréveris, en Milán. El Estado romano se había vuelto una máquina gigantesca y complicada, con el exclusivo fin de explotar á los súbditos. Impuestos, gabelas y requisas de todas clases, sumían á la masa de la población en una pobreza cada vez más miserable, por las exacciones de los gobernantes, de los recaudadores, de los soldados. He aquí á qué había venido á parar el dominio del Estado romano sobre el mundo: basaba su derecho á la existencia en el mantenimiento del orden en el interior y en la protección contra los bárbaros en el exterior; pero su orden era más dañoso que el peor desorden, y los bárbaros contra los cuales pretendía proteger á los ciudadanos eran esperados por éstos como salvadores.