pastos, allí donde la población estaba reemplazada por ganado lanar ó vacuno, cuya vigilancia no exigía sino un pequeño número de esclavos; ó en granjas donde masas de esclavos dedicábanse á la horticultura, en parte por lujo de los propietarios, en parte para proveer de víveres á los mercados de las ciudades. Las grandes dehesas de pastos habían sido conservadas y hasta extendidas; los dominios de las granjas y su horticultura suntuosa habíanse arruinado por efecto del empobrecimiento de sus propietarios y de la decadencia de las ciudades. La explotación de los latifundia, basada en el trabajo de los esclavos ya no producía beneficios, pero en aquella época era la única forma posible de la agricultura en grande escala. El cultivo en pequeño había llegado á ser la única forma remuneradora. Unas tras otras fueron divididas las granjas en parcelas pequeñas y entregadas á arrendatarios hereditarios que pagaban cierta cantidad en dinero, ó á partiarii (aparceros), más administradores que arrendatarios, quienes recibían por su trabajo la sexta ó nada más que la novena parte del producto anual. Pero de preferencia se entregaban esas pequeñas parcelas á colonos que pagaban en cambio un interés anual fijo; estos colonos estaban ligados al suelo y podían ser vendidos con sus parcelas, no eran esclavos, hablando propiamente, pero tampoco eran libres; no podían casarse con mujeres
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