gundas. A la cabeza de los cuerpos locales de la administración romana conservados en gran parte, era preciso colocar un equivalente del Estado romano, y este equivalente no podía ser sino otro Estado. Así, pues, los representantes de la gens tenían que transformarse en representantes del Estado, y con suma rapidez, bajo la presión de las circunstancias. Pero el representante más directo del pueblo conquistador era el jefe militar. La seguridad interior y exterior del territorio conquistado exigía que se reforzase su poder. Había llegado el momento de transformarse el mando militar en monarquía, y se transformó.
Veamos el imperio de los francos. En él había correspondido como propiedad del pueblo á los salios victoriosos, no sólo los vastos dominios del Estado romano, sino también todos los demás inmensos territorios indivisos en las comunidades grandes y pequeñas, de localidad ó de comarca, principalmente todas las extensísimas superficies pobladas de bosques. Lo primero que hizo el rey franco, al convertirse de simple jefe militar superior en un verdadero príncipe, fué transformar esas propiedades del pueblo en dominios reales, robarlas al pueblo y darlas ó concederlas á las personas de su séquito. Este séquito, formado primitivamente por su guardia militar personal y por el resto de los oficiales del ejército, no tardó en reforzarse, no sólo con