ciente. Los campesinos libres y propietarios del suelo, que eran la masa del pueblo franco, quedaron exhaustos y arruinados por las eternas guerras civiles y de conquista (por estas últimas, sobre todo, bajo Carlomagno) tan completamente, como antaño lo habían sido los campesinos romanos en los postreros tiempos de la República. Habiendo formado primitivamente ellos todo el ejército y sido el núcleo de Francia después de conquistarla, estaban tan pobres en los comienzos del siglo IX, que apenas podia tomar aún las armas un hombre por cada cinco. En lugar del contingente de los campesinos libres llamados á las filas por el rey, surgió un ejército compuesto de la chusma lacayil de la nueva nobleza, entre la cual se encontraban siervos del terruño, descendientes de aquellos que en otro tiempo no habían reconocido ningún señor sino el rey, y que en una época aún más remota no reconocían señor ninguno, ni siquiera un rey. Bajo los sucesores de Carlomagno, completaron la ruina de los campesinos francos las guerras intestinas, la debilidad del poder real y las correspondientes usurpaciones de él por los grandes (á quienes vinieron á agregarse los condes instituidos por Carlomagno, que aspiraban á hacer hereditarias sus funciones), y por último, las incursiones de los normandos. Cincuenta años después de la muerte de Carlomagno yacía el imperio de los fran-
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