con apellidos alemanes. De ellos, contábanse 2.080 colonos, 220 esclavos, ¡y nada más que ocho rústicos libres! La práctica declarada impía por el obispo Salviano, y en virtud de la cual el señor feudal se quedaba con el dominio eminente de las tierras del campesino y sólo permitia á éste el usufructo de ellas, empleábala ya entonces de una manera general la Iglesia con los labriegos. Las prestaciones personales, que iban generalizándose cada vez más, habían tenido su modelo en las angarias romanas (trabajos forzados en pro del Estado), como en las prestaciones personales impuestas á los miembros de las comunidades locales alemanas, para construir puentes y caminos y para otros trabajos colectivos. Parece, pues, que la masa de la población había vuelto á su punto de partida al cabo de cuatro siglos.
Pero esto no probaba sino dos cosas: en primer lugar, que el orden social y la distribución de la propiedad en el imperio romano agonizante habían sido adecuados al grado de producción contemporánea en la agricultura y la industria, é inevitables por consiguiente; en segundo lugar, que, durante los cuatrocientos años posteriores, no habiendo tenido ningún progreso ni retroceso esenciales el estado de la producción, se había distribuido otra vez de la misma manera la propiedad y se habían creado las mismas clases de población. En los últimos siglos del imperio ro-