mano, la ciudad había perdido su autoridad sobre el campo y no la había vuelto á conquistar en los primeros siglos de la dominación alemana. Esto supone un grado de desarrollo inferior de la agricultura y de la industria. Esta situación de conjunto produjo por necesidad grandes propietarios poderosos y pequeños labradores dependientes. Las inmensas experiencias hechas por Carlomagno con sus famosas haciendas imperiales, desaparecidas sin dejar casi huellas, prueban cuán imposible era imponer á semejante sociedad la explotación latifúndica romana con esclavos, y á la vez el nuevo cultivo en grande por medio de prestaciones personales. Sólo las continuaron los conventos, y no podían ser productivas más que para ellos; pero los conventos eran asociaciones anormales basadas en el celibato; es cierto que podían realizar cosas excepcionales, pero por lo mismo tenían que seguir siendo excepciones.
Y sin embargo, habíanse hecho progresos durante esos cuatrocientos años. Si al expirar estos cuatro siglos encontramos casi las mismas clases principales que al principio, el hecho es que los hombres que formaban estas clases habían cambiado, desapareciendo la antigua esclavitud, y desapareciendo también los mendigos libres que menospreciaban el trabajo como servil. Entre el colono romano y el nuevo siervo había vivido el libre campesino franco. El «recuerdo inútil