do y del hacha de hierro. Con la adquisición de este metal, el hombre se había hecho dueño de la última y más importante de las primeras materias que representaron en la historia un papel revolucionario; la última... hasta la patata[1]. El hierro hizo posible la agricultura en grandes superficies, el descuaje de las más extensas comarcas selváticas; dió al obrero un instrumento de una dureza y un filo que ninguna piedra y ningún otro metal podian resistir. Todo esto acaeció poco á poco; el primer hierro era aún á menudo más blando que el bronce. Así es que el arma de piedra no desapareció sino con suma lentitud; no sólo en el canto de Hildebrando, sino también en la batalla de Hastings, en 1066, aparecen en el combate las hachas de piedra. Pero el progreso prosiguió desde entonces sin discontinuidad, con interrupciones menos frecuentes y de una manera más rápida.
La ciudad, encerrando dentro de su recinto de murallas, torres y almenas de piedra, casas también de piedra ó de ladrillo, hízose la residencia central de la tribu ó de la confederación de tribus; progreso considerable en la arquitectura, pero también señal de peligro y de necesi-
- ↑ No puede negarse el papel revolucionario de la pólvora y demás explosivos como armas, puesto que la primera contribuyó á extinguir el feudalismo y los restantes son hoy un arma tremenda de reivindicaciones sociales, cuyo alcance futuro no sabemos. Entre el hierro y la patata está la pólvora.—(N. del T.)