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Página:El origen de la familia, de la propiedad privada y del estado - IA BRes041442.pdf/295

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POR FEDERICO ENGELS

son funciones regulares de la vida del pueblo. Las riquezas de los vecinos excitan la codicia de los pueblos, para quienes la adquisición de las riquezas es ya uno de los primeros fines de la vida. Son bárbaros: el saqueo les parece más fácil y hasta más honroso que la ganancia obtenida con el trabajo. La guerra, hecha en lo pasado únicamente para vengar la usurpación ó con el fin de extender un territorio que ha llegado á ser insuficiente, hácese ahora sin más propósito que el saqueo y se convierte en una industria permanente. Por algo se alzan amenazadoras las murallas alrededor de las ciudades nuevamente fortificadas: en sus fosos se abre la tumba de la gens, y sus torres se levantan hasta la civilización. Dentro sucede lo mismo. Las guerras de rapiña aumentan el poder del jefe militar superior, como el de los jefes inferiores; la elección habitual de sus sucesores en las mismas familias, sobre todo desde que se introduce el derecho paterno, pasa poco á poco al estado de herencia, tolerada al principio, reclamada después, usurpada por último; con la cual se ponen los cimientos de la monarquía y de la nobleza hereditaria. Así se desprenden poco á poco de su raíz los órganos de la constitución gentil en el pueblo, en la gens, la fratria y la tribu, y se trastorna la constitución entera.

De una organización de la tribu con objeto del libre ordenamiento de sus propios asuntos,