pastores y las tribus atrasadas, sin rebaños; y de ahí dos grados de producción diferentes y simultáneos uno junto á otro, y de ahí también las condiciones para un cambio regular.
El estadio superior de la barbarie nos presenta una división más grande aún del trabajo, entre la agricultura y los oficios manuales; y de ahí la producción cada vez más grande de objetos fabricados directamente para el cambio de productos, y elevación del cambio entre productores individuales á la categoría de necesidad vital de la sociedad. La civilización consolida y aumenta todas estas divisiones del trabajo ya existentes, sobre todo acentuando el antagonismo entre la ciudad y el campo (lo cual permite á la ciudad dominar económicamente al campo, como en lo antiguo, ó al campo oprimir á la ciudad como en la Edad Media), y añade una tercera división del trabajo, propia de ella y de capital importancia: crea una clase que no se ocupa de la producción, sino únicamente del cambio de los productos, los mercaderes.
Hasta entonces, la producción sola era quien había determinado la formación de clases nuevas; las personas que tomaban parte en ella se dividían en directores y ejecutores, y hasta en productores en grande y en pequeña escala. Ahora aparece por primera vez una clase que, sin tomar la menor parte en la producción, sabe conquistar su dirección general y avasallar eco-