Así fué como con la extensión del comercio, el dinero y la usura, la propiedad territorial y la hipoteca, la concentración y la centralización de la fortuna en manos de una clase poco numerosa hicieron rápidos progresos, simultáneamente con el empobrecimiento de las masas y el aumento numérico de los pobres. La nueva aristocracia de la riqueza, en todas partes donde no se había confundido ya con la antigua nobleza de raza, acabó por arrinconar á ésta (en Atenas, en Roma y entre los germanos). Y junto con esa división de los hombres libres en clases con arreglo á sus bienes de fortuna, prodújose, sobre todo en Grecia, un enorme acrecentamiento del número de esclavos[1] cuyo trabajo forzado formaba la base de todo el edificio social.
Echemos ahora una mirada atrás, para ver qué ha sido de la gens en el curso de esa revolución social. Yacía sin fuerzas, frente á los nuevos elementos que habían surgido sin participación de ella. Su primera condición de existencia era que los miembros de una gens ó de una tribu estuviesen reunidos en el mismo territorio y habitasen en él exclusivamente. Ese estado de cosas había concluido desde mucho tiempo atrás.
- ↑ Véase más atrás (Génesis del Estado ateniense) el total en Atenas. En Corinto en los tiempos florecientes de la ciudad, era de 460.000; en Egina de 470.000; en los dos casos, el número de esclavos era décuplo del de los ciudadanos libres.