universal da de esta suerte la medida de la madurez de la clase de los trabajadores. No puede hacer ni hará nunca más dentro del Estado actual, pero es bastante. El día en que el termómetro del sufragio universal marque para los trabajadores el punto de ebullición, sabrán, lo mismo que los capitalistas, á qué punto han llegado[1].
Así, pues, el Estado no existe desde toda la eternidad. Hubo sociedades que se pasaron sin él, que no tuvieron ninguna noción del Estado y de la autoridad del Estado. En cierto grado del desarrollo económico, necesariamente unido á la escisión de la sociedad de clases, esta escisión hizo del Estado una necesidad. Ahora nos aproximamos á paso de gigante á un grado de desarrollo de la producción en que, no sólo ha dejado de ser una necesidad la existencia de estas clases, sino que ha llegado á ser un obstáculo positivo para la producción. Las clases desaparecerán tan fatalmente como surgieron. La sociedad, que organizara de nuevo la producción sobre las bases de una asociación libre é igualitaria de los productores, transportará toda la máquina del Estado allí donde desde entonces le corresponde tener su puesto: al museo de anti-
- ↑ Lo acontecido este mismo año con el trampantojo del sufragio universal en Bélgica, escamoteándoselo al partido obrero cuando él era el temido por entonces, demuestra que es una inocentada de Engels esto que dice.—(N. del T.)