lentamente la división del trabajo. Mina á la comunidad de producción y apropiación, erige en regla predominante la apropiación individual, y de ese modo crea el cambio entre individuos (ya examinamos cómo, más atrás).
Poco á poco, la producción mercantil se hace la forma dominante.
Con la producción mercantil (no ya para el consumo personal, sino para el cambio), los productos cambian de manos por necesidad. El productor se deshace de su producto en el cambio, y ya no vuelve á saber qué se hace de él. A medida que interviene la moneda, y con ella el mercader como intermediario entre los productores, se complica más el sistema de cambio y se vuelve todavía más incierto el destino final de los productos. Desde entonces, las mercancías no sólo van de mano en mano, sino de mercado en mercado; los productores han dejado ya de ser dueños de la producción colectiva de su medio, y los comerciantes no han llegado á serlo todavía. Productos y producción están entregados al azar.
Pero el azar no es más que uno de los polos de un conjunto, el otro polo del cual se llama necesidad. En la naturaleza, donde también parece dominar el azar, hace mucho tiempo que hemos demostrado en cada dominio particular de la ciencia la necesidad inmanente y las leyes intimas que se afirman en aquel azar. Pues lo