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Página:El origen de la familia, de la propiedad privada y del estado - IA BRes041442.pdf/59

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POR FEDERICO ENGELS

cia colectiva de la familia. No titubeamos en decirlo: si se establece una sociedad superior á la familia, no puede ser sino incorporándose á ella familias profundamente alteradas, salvo el permitir á éstas más adelante reconstituirse en el seno de aquélla al resguardo de condiciones infinitamente más favorables» (Espinas, citado por Giraud-Teulon: Origines du mariage et de la famille, 1884, páginas 518-520.)

Vemos, pues, que, en efecto, las sociedades animales tienen cierto valor para las conclusiones que pueden inducirse de ellas respecto á las sociedades humanas, pero un valor puramente negativo. Según nos es posible saberlo hasta ahora, el vertebrado superior no conoce sino dos formas de familia: la poligamia y la monogamia. Los celos del macho, lazo y limite de la familia á la vez, hacen de la familia animal lo antagonista de la horda; la horda, que es la forma más elevada de la sociabilidad, se hace imposible: se relaja ó se disuelve durante el período del celo; y, en el caso más favorable, entorpecen su desarrollo los celos de los machos. Esto basta para probar que la familia animal y la sociedad humana primitiva son dos cosas incompatibles; que los hombres primitivos, en la época en que pugnaban por elevarse por encima de la animalidad, ó no tenían ninguna noción de la familia, ó á lo sumo, sólo conocían una forma que no se encuentra en los animales. Un animal