lia de esta clase consiste en descender de una pareja; y en que á su vez, los descendientes en cada grado particular son entre sí hermanos y hermanas, y por eso mismo maridos y mujeres unos de otros.
La familia consanguínea ha desaparecido. Ni aun los pueblos más groseros de que habla la historia nos presentan ningún ejemplo de ella. Pero nos vemos obligados á admitir que ha debido de haberla, puesto que el sistema de parentesco hawaiano que aún reina hoy en toda la Polinesia, expresa grados de parentesco consan-
hermana. La Œgisdrecka es la expresión de una época en que estaba completamente destruida la fe en los antiguos mitos; constituye una simple sátira, por el estilo de la de Luciano, contra los dioses. Si Loki, representando el papel de Mefistófeles, dirige allí semejante reconvención á Freyja, esto constituye más bien un argumento contra Wagner. Algunos versos más adelante, dice también Loki á Niödhr: «Tal es el hijo que has procreado con tu hermana» (vidgh systur thinni gaztu slikan moeg). Pues bien, Niödhr no es un Ase, sino un Vane, y, en la fábula de los Inglinga, dice que los matrimonios entre hermano y hermana estaban en uso en el país de los Vanes, lo cual no sucedía entre los Ases. Esto tendería á probar que los Vanes eran dioses más antiguos que los Ases. Niödhr vive entre los Ases bajo un pie de igualdad en todo caso, y de esta suerte la Œgisdreca es más bien una prueba de que en la época de la formación de las leyendas mitonoruegas el matrimonio entre hermano y hermana no producía aún horror ninguno, por lo menos entre los dioses. Si se quiere disculpar á Wagner, en vez de acudir al Edda, quizá fuese mejor invocar á Goethe, quien en la balada El Dios y la bayadera comete una falta análoga en lo relativo al abandono sexual religioso de la mujer, que el gran poeta hace asemejarse demasiado á la prostitución moderna. N. del a.)