guíneo que sólo han podido nacer con esa forma de familia; y nos vemos obligados á ello por todo el desarrollo ulterior de la familia, que exige esa forma como estadio previo necesario.
2.º La familia punalúa.—Si el primer progreso de la organización ha consistido en excluir á los padres y los hijos del comercio sexual recíproco, el segundo ha consistido en la exclusión de los hermanos y las hermanas. Por la mayor igualdad de edades de los interesados, este progreso ha sido infinitamente más importante, pero también mucho más difícil que el primero. Es verosímil que se haya realizado poco á poco, excluyendo del comercio sexual á los hermanos y hermanas uterinos (es decir, por parte de madre), al principio en casos aislados, luego como regla general (en Hawai aún había excepciones en los comienzos de este siglo), y acabando por prohibirse el matrimonio hasta entre hermanos colaterales (es decir, según nuestros actuales nombres de parentesco, los primos carnales, primos segundos y primos terceros). Este progreso constituye, según Morgan, «un pasmoso ejemplo de la influencia del principio de la selección». Sin duda, las tribus donde ese progreso limitó la reproducción entre consanguíneos, debieron desarrollarse de una manera más rápida y más completa que aquéllas donde continuó siendo la regla general el matrimonio entre hermanos y hermanas. La