hijo. Esta forma de la familia suministra también la más fácil explicación de los relatos de Herodoto y de otros escritores antiguos acerca de la comunidad de mujeres en los pueblos salvajes y bárbaros. Lo que Watson y Kaye (The people of India) cuentan de los tikurs del Audh, al Norte del Ganges, debe de referirse también á la familia punalúa: «Viven casi indistintamente juntos (es decir, sexualmente) en grandes comunidades; y cuando dos individuos se consideran como casados el uno con el otro, no por eso deja de ser puramente nominal el vínculo que los une.»
En la inmensa mayoría de los casos, la institución de la gens ha salido directamente de la familia punalúa. Cierto es que el sistema de clases australiano también presenta un punto de partida de aquélla; los australianos tienen gentes, pero aún no tienen familia punalúa. Sin embargo, su organización social es un hecho harto aislado para que hayamos de tenerlo en cuenta.
En ninguna forma de la familia por grupos puede saberse con certeza quién es el padre de la criatura, pero sí se sabe quién es la madre. Aun cuando ésta llama hijos suyos á todos los de la familia común y tiene deberes maternales para con ellos, no por eso deja de distinguir á sus propios hijos entre los demás. Por tanto, es claro que en todas partes donde existe el matrimonio por grupos, la descendencia no puede demos-