susodichos señores servirse de las hijas ó de los hijos de los campesinos contra su voluntad, con y sin pago.» (Citado, con el texto original en catalán, por Sugenheim, La Servidumbre, Petersburgo, 1861, pág. 35.)
Aparte de eso, Bachofen tiene razón evidente cuando afirma que el paso de lo que llama «hetairismo» ó «generación pantanosa» á la monogamia se ha realizado esencialmente por las mujeres. Cuanto más han hecho perder á las antiguas relaciones sexuales su candoroso carácter primitivo el desarrollo de las condiciones económicas, y, por consiguiente, la desaparición del antiguo comunismo y la densidad cada vez más grande de la población, más envilecedoras y opresivas han debido parecer esas relaciones á las mujeres, y más han debido apetecer como una manumisión el derecho á la castidad, el derecho al matrimonio temporal ó definitivo con un solo hombre. Por otra parte, este progreso no podía deberse al hombre, por la sencilla razón de que nunca, ni aun en nuestra época, se le ha pasado por las mientes la idea de renunciar á los goces del matrimonio por grupos. Sólo después de efectuado por la mujer el tránsito al matrimonio sindiásmico, es cuando los hombres pudieron introducir la monogamia estricta, por supuesto, en perjuicio de las mujeres.
La familia sindiásmica aparece en el límite que separa el salvajismo de la barbarie, las más