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Página:El pozo (1921).djvu/17

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El Pozo
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yegua no luchó más y se quedó inmóvil, largo a larg tendida sobre el rastrojo con esa resignación de supremo renunciamiento, que es característica en los de su especie, en lances semejantes...

"El Gringo" al principio se asustó, pues creyó que había matado a la yegua, pero luego que la vió "bien viva", taa viva que delante de su hocico levantaba nubecillas de polvo con su alentar poderoso, "El Gringo" sonrió satisfecho, y restañando con el robusto antebrazo un poco de sangre que le manaba de la nariz, hizo incorporar a la yegua, la corrió hasta más allá del portillo y luego, tan campante y ciñéndose el cinturón, se dirigió de nuevo hacia el molino: —De ande mi vida!... Lástima que Luciano no me haya visto!...

Cuando descendía ya hacia el fondo del pozo, dejándose deslizar suavemente a lo largo del caño mojado, a "El Gringo" sc le ocurrió pensar recién, otra vez, en que quizás hubiera sido mejor cerrar el molino, porque el agua que escapaba por el remate del tubo, lo ponía demasiado resbaloso; pero como la previsión no era su fuerte, tras un leve gesto despectivo continuó bajando, lleno de curiosidad y de deleite...

"¡Qué bueno que hubiera un agujero así que atravesara el mundo!"... "Sin fatiga ninguna, un tipo cualquiera podría irse a los antípodas"...

Cuando "El Gringo" llegó a aquellos dos maderos que había a mitad de la jornada sonrió satisfecho, y restregándose las manos miró hacia arriba: