maliciosa estratagema, sonriendo amistosamente a la hinchada panza del vizeachón que apenas entreveían ya sus ojos turbios...
Y "El Gringo", no hubiera podido decir cuanto tiempo transcurrió después, ni si estuvo dormido, sincopado o muerto, hasta el instante aquel, en que el ruido familiar de un balde chocando allá arriba, contra el borde de cemento del bebedero, le arrancó de aquel estado...
— Luciano! ¡Luciano!
Y sin quererlo, tan poderosos y vehementes le resultaron aquellos gritos de náufrago desamparado, que la pálida y azorada carita de su amigo, asomó casi instantáneamente por encima del brocal del pozo...
—¡Eh!
El Gringo destosiéndose entonces, trató de afirmar su voz: —¡Mirá, che, Luciá...!" Pero el otro, nervioso y excitado como estaba por la sorpresa, sin oirle, se puso a dispararle una verdadera granizada de interrogaciones ansio—as y de comentarios pesimistas: —i Pero qué te pasa, che? ¿Pero qué estás haciendo?
¿No podés salir ahora? ¿Pero para qué te has metido, caramba!
El vizeachón!
cachón!... sabés?
intentó "El Gringo" — ¡El vizPero el otro no le dejó meter baza: —Si: ¡pero no podés salir ahora ¿No podés, decí?