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X.
Desde la parra.
Mientras así discurrian los labricgos que saludadan al señor corregidor, la señá Frasquita regaba y barria cuidadosamente la plazoletilla empedrada que servia de átrio ó compás al molino, y colocaba media docena de sillas debajo de lo más espeso del emparrado, en el cual estaba subido el tio Lúcas, cortando los mejores racimos y arreglándolos artísticamente en una cesta.
—Pues sí, Frasquita,—decia et tio Lúcas desde lo alto de la parra;—el señor corregidor está enamorado de tí de muy mala manera...