que saiia el sol y semejante á las encantadoras mujeres de Mieris y de Metzu Rosa aparecia en ella por entre el ramaje de la dulcamara y la madre selva.
La mirada de Rosa indicaba á Boxtel el valor del objeto encerrado en el jarro: era ei segundo esqueje, la suprema esperanza del preso.
Rosa quitaba el tiesto siempre que las noches amenazaban ser muy frias, siguiendo así las instrucciones de Cornelio, que temia se belase el tulipan.
Igualmente lo sustraia á la ardiente influencia del sol desde las once de la mañana á las dos de la tarde, porque Cornelio temia tambien que la tierra sa secase.
Pero cuando el tallo de la flor comenzó á anlir se convenció Boxtel totalmente. Ann no tenia una pulgada de altura y gracias á su telescopio no le quedaba ningun género de duda.
Cornelio poseia dos esquejes y el segundo estaba confiado al amor y al cuidade de Rosa.
Ni el amor de los dos jóvenes se babin escapado á la penetracion de Bexiel!
Era preciso pues arrebatar el segundo raqueje á los cuidados de Rosa y al amor de Cornelio, lo cual no era en verdad cosa muy fácil.
La joven velaba sobre su tulipan, como una madre velaria sobre su hijo; no dejaba el aposento durante el dia, ni tampoco lepsa astraña!
lo abandonaba de noche. Boxtel la espió inútilmente durante siete dias, los mismos que tanto martirizaron á Cornelio por no saber cosa alguna de Rosa y de su tulipap..
¿Habia de estar Rosa para siempre reñida con