—Oh! señor, dijo Rosa dirigiéndose al— que creia su verdadero juez; ya veo que voy.á acusarme á mí misma de un modo grave.
En efecto, dijo Van Systems, los criminales políticos deben estar incomunicados en Luewestein.
—¡Ay señor!
—Y segun lo que decís parece que os habeis aprovechado de vuestra posicion de hija del carcelero para tener comunicacion con él y cultivar Al..res.
—Sí, señor, murmuró Rosa fuera de sí; lo veia todos los dias.
—Desgraciada! esclamó Mr. Van Systens.
El príncipe levantó la cabeza y vió el espanto de Risa y la palidez del presidente.
—Eso, dijo con su voz clara y fuertemente acentuada, eso no corresponde á los miembros de la sociedad hortícola; su mision es juzgar sobre el tulipan negro y no de delitos políticos. Continuad, jóven, continuad.
Van Systens con una elocuente mirada dió gracias en nombre de los tulipanes al nuevo miembro de la sociedad horúcola.
Rosa, coufiada en el valor que le babia infundido el desconocido, contó estensamente cuanto habia pasado en el espacio de tres meses, todo lo que ella habia hecho, todo lo que habia sufrido.
Habló de la destruccion del primer esqueje, del dulor del preso, de las precauciones adoptadas para que floreciese el segundo, de la paciencia del encarcelado y de sua angustias durante la separacion; como habia querido morirse de hambre porque no tenia noticias del tulipan; del.gozo.que