Oh! esclamó Rosa ciega de cólera.
Silencie! dijo el principe.
Despues, volviéndose hácia Boxtel: Quien es, dijo, ese preso que decía es el amante de esta jóven?
Rosa estuvo á punto de desmaparse, parque sabia que Cornelio era en concepto de Guillermo un grau criminal.
Nada podia ser á Boxel mas agradable que semejante pregunta.
—¿Quien es ese preso? repitió.
81.
—Ese preso, menseñor, es un hombre cuyo apellido probará demasiado á V. A. la fé que se puede tener en su probidad. Ese preso es un eriminal de estado.condenade una vez á muerte.
—Que se llama....?
Rosa ocultó el rostro entre sus manos con un movimiento desesperado.
—Que se llama Cornelio Van Baerle, dijo Boxtel abijado de aquel malvado Cornelio de Witt.
El príncipe se estremeció. Sus ojos se inflamaron y un frio mortal cubrió de nuevo sus facciones inmóviles.
Luego se acercó á Rosa y le mandó que alzase la cabeza.
Rosa obedeció como lo hubiera becho una mujer sujeta a un poder magnético.
—Con que fué á fin de seguir á ese hombre la solicitud que me hicisteis en Leiden para trasladar á vuestro padre?.
Rosa bajó la cabeza rendida al peso de su dolor y murmuró: El Tulipan negre.—Tomo III.