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Página:El tulipán negro III (1851).pdf/66

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Aguarda, aguarda, gruñó Griphus, pálido y con las labios agitados por la locura que principiaba á invadir su cerebro. Ya que no quieres decírmelo verás como yo te abro la boca." Y se adelantó hácia Cornelio enseñándole el arma que en sus manos traia.

—Ves este cuchillo? dijo; pues bien, con él he matado mas de cincuenta gallos negros, y lo mismo voy á matar ahora al diablo su maestro.

Aguarda! aguarde!

—Pero miserable, te has empeñado en asesinarme?

Quiero abrirte el corazon para ver en él elsitio en que está mi hij.

Y al decir estas palabras con el estravío de la fiebre se precipitó sobre Cornelio, que no tuvo tiempo sino de guarecerse detrás de la mesa para evitar el primer golpe.

Griphus agitaba su arma profiriendo horribles amenazas.

Cornelio advirtió que si bien estaba fuera del alcance de la mano podia muy bien tirarle el cu chillo y venir á herirle el pecho, y con esa idea, sin perder tiempo, asestó un vigoroso golpe en la mano que sujetaba el cuchillo con el baston, que habia conservado cuidadosamente.

El cuchillo cayó á tierra y Cornelio le puso el pié encima, En seguida, como veia que Griphus iba á emprender una lucha encarnizada, impulsado por el dolor de la mano y la vergüenza de haber si do desarmado dos veces, tomó una resolucion, y fué moler á palos con la mayor sangre fria á su carcelera, escogiendo el lugar en que descargabapada golpe